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martes, 13 de enero de 2015

Tratamiento metabólico de la EA: Una apuesta por el futuro


Un artículo publicado en la última edición de la revista Journal of Health and Aging da cuenta de los cambios metabólicos que se presentan en el cerebro como consecuencia de la aparición de la enfermedad de Alzheimer en un modelo de estrés oxidativo desencadenado por diversos factores, incluyendo la toxicidad del aluminio y el efecto que tiene sobre los astrocitos.

También se presentan los mecanismos que median la reversión de estas perturbaciones por metabolitos naturales como el piruvato, el cetoglutarato, el aceto acetato y la L - Carnitina provee interesantes claves para el desarrollo futuro de una terapia efectiva contra la EA.

lunes, 12 de enero de 2015

Reserva cognitiva y EA


Un equipo de investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela (España) realizó un estudio para averiguar los indicadores que influyen en  la reserva cognitiva, esto es, la capacidad cognitiva e intelectual que una persona acumula a lo largo de su vida mediante conocimientos académicos, culturales, lectura, idiomas, pasatiempos, entre otros, que permiten al cerebro compensar la pérdida de sus funciones.

La reserva cognitiva, que no se puede medir directamente, puede calcularse a través de ciertos indicadores que aumentan su capacidad y, por tanto, protegen del deterioro cognitivo y de las demencias.

El estudio, publicado en la revista Anales de Psicología, trabajó con una muestra de 326 personas mayores de 50 años, 222 sanos y 104 con deterioro cognitivo ligero, siendo evaluados el nivel de vocabulario, los años de escolarización, la complejidad del trabajo desempeñado y los hábitos de lectura. 

Los resultados mostraron una mayor prevalencia de deterioro cerebral en los participantes que obtuvieron una menor puntuación en su nivel de vocabulario, lo que, según los expertos, es un indicador clave de que cuanto mayor nivel de vocabulario poseamos, más protegidos estaremos frente al deterioro cognitivo.

domingo, 11 de enero de 2015

Vivir bien con Demencia


Una serie de videos de la Sociedad Americana de Alzheimer, con consejos útiles para pacientes, familiares, cuidadores y profesionales de la salud (cuenta con traducción en subtítulos al español).

Enfermedad de Alzheimer y Esquizofrenia: Una relación peligrosa


Fuente

Antena 3 Noticias (España)

Investigadores del Medical Research Council de Reino Unido han descubierto que el cerebro tiene un área “débil” para la enfermedad de Alzheimer y la esquizofrenia que favorece la aparición de ambas patologías, hallazgo que puede servir para su detección precoz.

El área del cerebro implicada se desarrolla al final de la adolescencia y comienza a deteriorarse precozmente durante el envejecimiento, según reconocen los autores del hallazgo que publica en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS).

Los investigadores, liderados por Gwenaëlle Douaud, de la Universidad de Oxford, llevaron a cabo un estudio con 484 voluntarios sanos de 8 a 85 a quienes sometieron a una resonancia magnética para observar  los cambios naturales del cerebro con la edad.

Las imágenes revelaron que las partes del cerebro que fueron las últimas en desarrollarse también fueron las primeras en mostrar signos de deterioro relacionados con la edad, y que esta red de células nerviosas o materia gris eran las encargadas de coordinar la información "de orden superior" procedente de los diferentes sentidos, como la vista y el oído.

Lo llamativo fue que, cuando los investigadores analizaron estos resultados con los de pacientes con Alzheimer y esquizofrenia, encontraron que las mismas regiones del cerebro estaban afectadas, lo que sugiere también que ambas enfermedades están relacionadas.

Disponible en:

sábado, 10 de enero de 2015

Test de evaluación neuropsicológica para demencia avanzada


Las personas con demencia evolucionan de forma progresiva e inexorable hacia un estado en que las pruebas neuropsicológicas tradicionales dejan de ser eficaces para el seguimiento del paciente.

La batería de evaluación del deterioro grave, en su forma completa (SIB) y abreviada (SIB-s), se desarrolló para evaluar el estado cognitivo de pacientes con demencia avanzada.

Un artículo publicado en el último número de la Revista de Neurología da cuenta de los resultados de un estudio llevado a cabo con el objetivo de evaluar los atributos psicométricos de la SIB-s en un grupo de 127 pacientes con demencia, 86.6% de sexo femenino, con una edad media de 82.6 ± 7.5 años.

La puntuación media total de la SIB-s fue de 19,1 ± 15,34 (rango: 0-48). Efectos suelo y techo < 20%. La consistencia interna fue alta (α de Cronbach: 0,96). La correlación ítem-total corregida osciló entre 0,27 y 0,83, y la homogeneidad de los ítems fue de 0,43.

La fiabilidad test - retest e interevaluador fue satisfactoria (coeficiente de correlación intraclase: 0,96 y 0,95, respectivamente), así como la validez de constructo convergente con otras medidas cognitivas (MEC: 0,83; sMMSE: 0,9). La SIB-s mostró una correlación moderada con escalas cognitivas de dependencia funcional (índice de Barthel: 0,48; FAST: –0,74).

De acuerdo con los resultados obtenidos, la SIB-s es un instrumento fiable y válido, relativamente breve, para evaluar a pacientes con demencia avanzada en la población española.

Referencia


Cruz-Orduña I, Agüera-Ortiz LF, Montorio-Cerrato I, León-Salas B, Valle de Juan MC, Martínez-Martín P. Fiabilidad y validez de la batería de evaluación del deterioro grave, versión abreviada (SIB-s), en pacientes con demencia en España. Rev Neurol 2015; 60: 1 - 9.

viernes, 9 de enero de 2015

¡Frutas y verduras contra la Demencia!


La evidencia científica actual confirma que una dieta rica en frutas y verduras protegen contra una serie de patologías crónicas, incluyendo la enfermedad cardiovascular, la diabetes mellitus II y varios tipos de cánceres.

Adicional a lo anterior, una revisión reciente de la literatura publicada en la revista Nutrition Reviews determinó que el consumo considerable de verduras y frutas se asocian con un menor riesgo de demencia y tasas más lentas de deterioro cognitivo, encontrándose evidencia que el aumento del consumo habitual durante la vida puede proteger contra o reducir la aparición de envejecimiento cognitivo y disminuir la incidencia de demencia. 

Según los autores, las frutas y las verduras contienen altas cantidades de antioxidantes, vitamina C,  y además regulan los niveles de homocisteína, de las vitaminas del complejo B y  de la vitamina A, elementos muy importantes para la plasticidad sináptica.

Fuente

Lamport D.J, Saunders C, Butler L.T, Spencer J.P. Fruits, vegetables, 100% juices, and cognitive function. Nutrition Reviews. 2014; 72 (12): 774 – 789.

viernes, 2 de enero de 2015

Vitamina D y Cognición en adultos mayores


La deficiencia de vitamina D, una condición carencial relativamente frecuente entre los adulto mayores de 65 años, se ha visto asociada con cambios estructurales del sistema nervioso central y demencia.

En la última edición del Journal of Internal Medicine se publicaron las conclusiones de una reunión de expertos acerca de las recomendaciones de esta vitamina en adultos mayores y su relación con la demencia.

Entre los puntos que vale la pena mencionar se planteó que la hipovitaminosis D puede contribuir a la aparición de declive cognitivo y alterar el curso de algunas demencias, incluida la EA, como consecuencia de las comorbilidades derivadas de la insuficiencia de dicho elemento en el organismo, sin embargo, no puede ser considerada a la fecha como un marcador diagnóstico o pronóstico dada la baja significación estadística de la evidencia disponible.

Fuente:

Journal of Internal Medicine. 2015; 277 (1): 45 - 57

martes, 28 de enero de 2014

Pruebas para evaluar la atención


La importancia de evaluar la atención en pacientes con trastornos de memoria (Problemas de memoria relacionados con la edad, deterioro cognitivo leve, demencias), está relacionada con el hecho que muchos de los supuestos "problemas de memoria" están relacionados con deficiencias en la atención más que con alteraciones de  la fijación y/o la evocación.

La valoración de la atención constituye un elemento clave en el abordaje neuropsicológico de los pacientes con DCL, dada la connotación de esta función cognitiva como potenciadora del proceso de focalización de la consciencia y refuerzo del procesamiento de información a partir de los estímulos externos que impactan la memoria sensorial (Hardy, Jackson).

La evaluación del span atencional audio verbal (capacidad mínima del paciente de manejar información oral) puede llevarse a cabo mediante la aplicación del subtest de dígitos en orden directo e inverso de la escala de inteligencia revisada Weschler para adultos (1976) y la del span visoespacial a través de los cubos de Corsi (Lezak, 1995).

Otras pruebas complementarias, utilizadas para evaluar atención sostenida, selectiva y alternante, son el  Trail Making Test A y B (Spreen y Strauss, 1991) y el Test Breve de Atención (Schretlen, Bobholz y Brandt, 1996).

lunes, 27 de enero de 2014

Deterioro Cognitivo Leve: Criterios diagnósticos


Los criterios propuestos por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) para  el diagnóstico de Deterioro Cognitivo Leve incluyen:

1.  Quejas subjetivas de déficit de memoria,  preferiblemente corroborado por un familiar cercano.
2. Déficit de memoria objetivable a través de pruebas específicas (aproximadamente Desviaciones Estándar por debajo de lo esperado para la edad del paciente y el grado de escolaridad).
3.  Ausencia de otros elementos clínicos de deterioro cognitivo.
4. Mantenimiento de la funcionalidad respecto a las Actividades Básicas de la Vida Cotidiana.
5.  Ausencia de demencia.

Referencias

1. Joshi S, Morley J. Cognitive Impairment. Medical Clinics of North America. 2006; 90 (5): 769 – 87.
2. Baquero M, Blasco R, Campos – García M, Garcés EM, Fages M y Catalá A. Estudio descriptivo de los trastornos conductuales en el deterioro leve. Rev Neurol. 2004; 38: 323 – 6.
3. López O.L. Clasificación del deterioro cognitivo leve en un estudio poblacional. Rev Neurol. 2003; 37: 140 – 4.

4.  Bennett D. Mild Cognitive Impairment. Clinics of Geriatric Medicine. 2004; 20: 15 -25.

domingo, 26 de enero de 2014

El papel del psicólogo en la EA

El psicólogo tiene dos campos de acción interdependientes en el modelo de atención integral centrado en la persona con Enfermedad de Alzheimer (EA): el primero, con el enfermo y la familia, y el segundo, con los profesionales que hacen parte del equipo interdisciplinario.
El campo de intervención desde la psicología no se limita a la evaluación neuropsicológica del paciente y a la estimulación cognitiva y conductual, aunque éstas sean las actividades que tienen un mayor reconocimiento social a nivel de la atención ambulatoria, de los centros de día y de los hogares gerontológicos de larga estancia.
La principal contribución de la evaluación neuropsicológica consiste en proporcionar datos objetivos sobre las funciones mentales del paciente y las alteraciones que pueden originar problemas en la adaptación a su entorno, contribuyendo al diagnóstico cuádruple dinámico en las esferas biológica, psicológica, funcional y social.
Por otra parte, la intervención gira en torno al establecimiento de programas que estimulen la vinculación del paciente con la realidad y con las personas que le rodean, mediante el reforzamiento de las habilidades cognitivas que se hallan mejor conservadas y la implementación de estrategias de adaptación a las pérdidas para minimizar el impacto de las mismas en la vida cotidiana de la persona.
Hay que recordar que la función de intervención no se limita al trabajo con el enfermo sino que también implica la atención al cuidador, tanto a nivel individual como en grupos de apoyo, buscando reducir la prevalencia del desgaste que genera dicho proceso y mantener la calidad de vida de quienes desempeñan esta función.
En relación con el equipo interdisciplinario, el psicólogo puede servir como asesor de otros miembros del mismo y como proveedor de información desde su campo de acción, por lo que éste debe participar en las actividades de análisis y discusión en sesiones clínicas, revisión de casos, elaboración de protocolos y diseño e implementación de estudios clínicos, entre otros.

jueves, 23 de enero de 2014

Guía actual de Enfermedad de Alzheimer


En 2011, el Instituto Nacional de Envejecimiento y la Asociación de Alzheimer recomendaron algunos cambios respecto a los criterios y guías publicados en 1984 por la Asociación de Alzheimer y el Instituto Nacional de Desórdenes Neurológicos y Apoplejía, incluyendo:

1.    Se incluyó un estadio preclínico que inicia antes de la aparición de los síntomas y del compromiso de la funcionalidad, en contraste con los anteriores, en los que se incluían la pérdida de la memoria y el declive de las habilidades de pensamiento antes de configurar el diagnóstico.

2.    Se incorporan los biomarcadores como elementos orgánicos que pueden ser utilizados como referentes para determinar la existencia o ausencia de la enfermedad, así como el riesgo potencial de desarrollar el trastorno en e futuro.

Los tres estadios establecidos en los nuevos criterios y guías para el diagnóstico de la EA son preclínico, deterioro cognitivo leve debido a EA y demencia debida a EA.

En la fase preclínica, los individuos presentan cambios incipientes pero medibles en el cerebro, el líquido cefalorraquídeo y/o la sangre (biomarcadores) que pueden ser considerados signos tempranos de la EA en ausencia de manifestaciones cognitivas como pérdida de la memoria.

Estos cambios pueden ocurrir hasta veinte años antes de la aparición de las manifestaciones características del trastorno, sin embargo no se establecen criterios diagnósticos precisos que puedan ser utilizados en la práctica clínica cotidiana.

En la etapa de DCL debido a EA, se presentan cambios leves pero identificables en las habilidades de pensamiento, las cuales son notorias para el paciente, sus familiares y amigos, pero no comprometen la capacidad de la persona para llevar a cabo las actividades cotidianas.

Se estima que entre el 10% y el 20% de las personas mayores de 65 años presentan DCL y que al menos 15% de estos individuos perciben consideran que estas manifestaciones ameritan consultar al médico, siendo recomendable el uso de biomarcadores como prueba de tamizaje para personas con DCL y probable EA.

En cuanto a la fase de demencia debida a EA, se observan síntomas relacionados con la memoria, los procesos de pensamiento y la conducta, comprometiendo progresivamente la funcionalidad de la persona en lo relacionado con las actividades de la vida diaria, así como otras manifestaciones posteriores asociadas al cuadro.

miércoles, 22 de enero de 2014

La gravedad de la EA: Escala GDS

Definir la etapa en que se encuentra un paciente con demencia ayuda a determinar el tratamiento más  y a definir las medidas que se requieren para el cuidado del mismo. Uno de los instrumentos más utilizados para valorar la progresión de la enfermedad es la Escala Global de Deterioro (GDS), también conocida como Escala de Reisberg, que divide el proceso de la enfermedad en siete etapas, basadas en la magnitud del deterioro cognitivo del paciente.
Los  niveles de la escala son:
GDS 1
No hay pérdida de memoria ni otros síntomas de deterioro cognitivo.
GDS 2
Declive cognitivo muy leve, pueden presentarse los olvidos “normales” asociados al envejecimiento, los familiares y el médico no evidencian alteración.
GDS 3
Declive cognitivo leve, disminución de la memoria de trabajo, olvido temporal de palabras, olvidos cotidianos, se presenta unos siete años antes de la aparición de manifestaciones francas de demencia.
GDS 4
Dificultades de concentración, disminución de la habilidad de recordar eventos recientes, dificultad para manejar las finanzas, viajar solo a lugares nuevos, problemas para realizar con precisión las tareas complejas. El paciente evita reconocer los síntomas,  suele aislarse de los amigos y de la familia para evitar interacciones sociales difíciles. Los familiares refieren preocupación por las El médico puede notar problemas cognitivos claros durante la evaluación y la entrevista con el paciente.
GDS 5
Declive cognitivo moderado con deficiencias serias de memoria, necesidad de ayuda para completar las actividades diarias (vestirse, bañarse, preparar la comida). La pérdida de la memoria se hace más notoria, pudiendo generar desorientación temporal y espacial.
GDS 6
Olvido de los nombres de los miembros de la familia, escaso recuerdo de los eventos recientes, en muchos casos, el recuerdo se limita a algunos detalles de la infancia, dificultad de manipular los números, aparición frecuente de incontinencia, cambios de personalidad y alteraciones psiquiátricas, incluyendo delirios, conductas obsesivas, ansiedad y agitación, entre otros.
GDS 7

Demencia avanzada, pérdida de la capacidad de comunicación, pérdida de habilidades psicomotoras, necesidad de ayuda para el desarrollo de las actividades básicas de la vida cotidiana (utilizar el baño, vestirse, desplazarse, tomar los alimentos).

martes, 14 de enero de 2014

Trauma craneoencefálico y Enfermedad de Alzheimer


Desde hace varios años, se ha venido postulando la relación existente entre el trauma craneoencefálico y la aparición de la Enfermedad de Alzheimer, sin embargo, no existen muchos estudios epidemiológicos de gran tamaño al respecto.

Un estudio publicado hace algunos días en la revista Neurology, analizó el impacto de sufrir trauma craneoencefálico respecto al depósito de amiloide y la presencia de neurodegeneración en individuos con cognición normal y presencia de deterioro cognitivo leve.

De acuerdo con los resultados obtenidos, se encontró una relación entre el antecedente de trauma craneoencefálico y un mayor depósito de amiloide en las personas con deterioro cognitivo leve, en contraste con las que no presentaban alteración cognitiva, sugiriendo que la existencia de dicho evento puede estar asociada a los cambios neurodegenerativos característicos de la Enfermedad de Alzheimer.

Fuente

Neurology 2014;Vol 82(1):70 6

domingo, 12 de enero de 2014

Efecto de los medicamentos de uso común en la cognición


Hay informes contradictorios y falta de datos basados ​​en la evidencia sobre los efectos de medicamentos de uso frecuente en la vida cotidiana sobre la cognición en adultos mayores sin alteraciones mentales. 

Un artículo publicado el día de hoy en la revista Alzheimer & Dementia, analizó los efectos de 100 medicamentos comúnmente utilizados por adultos mayores sobre el rendimiento cognitivo en forma longitudinal, para lo cual se analizaron datos de 4414 personas mayores de 50 años, cognitivamente normales, que asistieron al  Centro de Coordinación Nacional de Alzheimer (NACC) entre el mes de septiembre de 2005 y el mes de mayo de 2011.

A continuación se resumen los principales resultados del estudio:

§           El tiempo promedio de seguimiento fue de 1,2 años (DE = 0,42).
§  Nueve medicamentos mostraron una diferencia (P <0.05) en los cuatro grupos departicipantes en las puntuaciones medias de cambio psicométrica de la primera a la segunda evaluación.
§  Los medicamentos asociados con un mejor rendimiento psicométrico fueron naproxeno,calcio-vitamina D, sulfato ferroso, cloruro de potasio y sertralina.
§   Los medicamentos asociados con disminución de rendimiento psicométrico fueron  bupropión, oxibutinina, y furosemida.

Fuente:

Noticias de Actualidad en Demencias. Medscape. Disponible en: www.medscape.com

lunes, 6 de enero de 2014

Cognición y Envejecimiento


El envejecimiento poblacional trae como consecuencia un aumento en la incidencia de trastornos patológicos asociados con la edad.[1] Las alteraciones de la función cognitiva representan una de las principales causas de consulta en los adultos mayores, la prevalencia de este tipo de patologías es variable de acuerdo con el nivel cultural, el acceso a los servicios de salud, la calidad de la atención y los medios disponibles para un diagnóstico adecuado, sin embargo, el impacto que tienen en la calidad de vida y la relación con el riesgo de sufrir demencia las convierten en un problema de primer orden en el panorama epidemiológico de la población geriátrica.[2]

Kral fue el primero en establecer la existencia de dos patrones de envejecimiento cognitivo, uno benigno y otro maligno. El primero, que puede ser considerado fisiológico, se relaciona con la pérdida de memoria, especialmente de información episódica reciente de poca relevancia para el individuo; y el segundo, considerado como una alteración patológica de la cognición, relacionado con la pérdida de memoria que se presenta en el curso de los procesos demenciales. Investigaciones posteriores han planteado la existencia de una relación, aun sin aclarar por completo, entre las alteraciones, benignas o malignas de la memoria, y la aparición de  cuadros de demencia, dando lugar a la aparición de nuevas clasificaciones enfocadas a precisar el diagnóstico y establecer el pronóstico del paciente a largo plazo.[3]

La relación existente entre el envejecimiento y la disminución de las funciones cognitivas ha sido demostrada ampliamente por diferentes grupos de investigadores. En términos generales, la pérdida de memoria asociada a la edad parece estar relacionada con la disminución de la eficacia en el procesamiento y recuperación de información, especialmente de aquella información que se encuentra almacenada en la memoria  de corto plazo y/o en la memoria episódica reciente (comentarios, razones, lugares donde se han dejado las cosas, entre otros).[4]

La mayor parte de los estudios clínicos llevados a cabo para valorar la función mnésica mediante la aplicación de pruebas neuropsicológicas específicas han demostrado que individuos sin demencia, con edades comprendidas entre setenta y setenta y cuatro años, pueden obtener puntuaciones hasta un cincuenta por ciento más bajas que las que se encuentran en sujetos con edades entre 25 y 34 años y que esta diferencia aumenta proporcionalmente en personas que se encuentran por encima de los 75 años.[5]

La investigación más importante acerca de la relación existente entre la edad y el desempeño cognitivo fue llevada a cabo en 1955 mediante la aplicación de la Escala de Inteligencia Wechsler para adultos (WAIS - R). De acuerdo con los resultados obtenidos en este estudio de corte transversal, las funciones cognitivas presentan un deterioro progresivo a partir de la tercera década de la vida, no obstante, dada la gran cantidad y diversidad de variables que pueden influir el proceso de evaluación neuropsicológica (diferencias cognitivas individuales, nivel premórbido, trastornos concomitantes, criterios y condiciones de aplicación de las pruebas, entre otras), no ha sido posible definir con exactitud puntos de corte plenamente confiables.[6]

Estudios longitudinales posteriores han arrojado resultados contradictorios entre las cohortes evaluadas. Algunos investigadores han demostrado que puntuaciones elevadas obtenidas por individuos sin evidencia de alteraciones cognitivas en las pruebas efectuadas a través del tiempo no se alteran en forma significativa, sin embargo, otros grupos han confirmado la existencia de una disminución variable de la capacidad cognitiva frente a pruebas neuropsicológicas especializadas a pesar de la ausencia de disfunción cognitiva de base en los sujetos de investigación.[7]

Los problemas de memoria asociados con la edad parecen tener origen en una disminución de la eficiencia en los procesos de almacenamiento y recuperación de la información. Según Joshi y Morley (2006), el recuerdo de eventos pasados se basa en la evocación de información almacenada en la memoria de largo plazo, la cual puede estar acompañada por detalles contextuales específicos (recolección) o por la sensación de que una situación determinada es nueva o vieja (familiaridad).[8]

La evidencia existente permite afirmar que la recolección tiene asiento anatómico en el hipocampo y que la familiaridad depende de conexiones neurales del rinocórtex, viéndose más afectada la primera que la segunda a lo largo del proceso normal de envejecimiento. Aparentemente, el paso del tiempo determina una disminución funcional de las conexiones neuronales de la red hipocampo – área retroesplénica – corteza témporo parietal, fenómeno que se ve compensado con un incremento en la actividad de la red neural existente entre el rinocórtex y la corteza frontal.[9]

Los procesos cognitivos comprometidos con mayor frecuencia después de los cincuenta años son la capacidad de manipulación de información (memoria de trabajo), la ubicación de la información en tiempo y espacio (memoria episódica), la conceptualización (memoria semántica), el uso de la información almacenada en forma inconsciente (memoria implícita)  y el recuerdo libre de palabras e historias (memoria a largo plazo). Las diferencias en relación con la edad son menores si se trata de recordar información y no de codificar o retener dicha información en el sistema.[10]





[1] Joshi S, Morley J. Cognitive Impairment. Medical Clinics of North America. 2006; 90 (5): 769 – 87.
[2] Ramírez - Expósito MJ, Martínez – Martos J.M. Alteraciones neuronales inducidas por procesos degenerativos en el sistema nervioso central. Influencia del envejecimiento normal y patológico. Rev Neurol 1999; 29: 824 – 33.
[3] Bartrés – Faz, Clemente I, Junqué C. Alteración cognitiva en el envejecimiento normal: nosología y estado actual. Rev Neurol 1999; 29:64 – 70

[4] Palacios V. La Memoria Humana. Documento Electrónico disponible en: http://neuropsicologia-palacios.blogspot.com/. Última consulta: Agosto de 2009
[5]  López O.L. Clasificación del deterioro cognitivo leve en un estudio poblacional. Rev Neurol. 2003; 37: 140 – 4.
[6]  Bennett D. Mild Cognitive Impairment. Clinics of Geriatric Medicine. 2004;20: 15 -25.
[7] López O.L. Op Cit. 4
[8] Joshi S, Morley J. Op. Cit 1
[9] Kelley R.E. Memory Complaints and Dementia. Primary Care. 2004; 31 (1): 129 – 48.
[10]  Kelley R.E. Op Cit. 9